Las principales diferencias

Los primeros pasos de las tarjetas gráficas integradas fueron de la mano de las placas base. Su calidad era extremadamente pobre y lo más recomendable siempre era comprar una tarjeta gráfica dedicada, aunque se tratara de la más barata.

Sin embargo, con la disminución del factor de forma de los procesadores, estos empezaron a incorporar un nuevo fenómeno al que actualmente se le denomina como ‘gráficos integrados’. Consiste en incluir un chip gráfico dentro de la unidad de procesamiento, todo en un mismo procesador. Lo más sorprendente es que su potencia es suficiente como para satisfacer a la mayoría de los usuarios que no sean demasiado exigentes con la potencia gráfica.

Tarjetas gráficas integradas

Existen dos tipos de tarjetas gráficas integradas: en el procesador y en la placa base. Los chips en la placa base suelen ser extremadamente bajos en cuanto a rendimiento y están cayendo en desuso para dar paso a su versión en procesador, la cual es más potente pero tampoco es capaz de estar a la altura de una tarjeta dedicada.

Diferencias entre una tarjeta gráfica dedicada e integrada

Además, existen varias limitaciones que impiden a los chips gráficos integrados alcanzar una potencia considerable:

  • Los chips suelen ser de gran tamaño, dado que disponen de una gran cantidad de transistores específicos. La limitación de espacio que se encuentra en los procesadores induce a tener que ampliar el socket, algo que suele ser una restricción por los problemas de espacio y por cuestión de estándares.
  • La potencia requerida provoca un sobrecalentamiento excesivo. Si a esto le sumamos el calentamiento de la CPU, nos podríamos encontrar ante un chip extremadamente inestable si es sometido a demasiada presión. Por ello los fabricantes solo son capaces de alcanzar unas capacidades de procesamiento gráfico bastante limitadas.

Tarjetas gráficas dedicadas

Cualquier usuario que tenga ciertas necesidades básicas, ya sea para jugar a un videojuego con algo de contenido en 3D, renderización o uso fluido de cualquier programa de diseño gráfico actual, es preferible que ponga las vistas en una tarjeta gráfica dedicada, incluso cuando hablamos de ordenadores portátiles.

Diferencias entre una tarjeta gráfica dedicada e integrada

Las ventajas de las tarjetas gráficas dedicadas son precisamente las limitaciones que tienen las integradas. No hay problemas de espacio gracias a que se colocan en una ranura PCI-x, aunque suelen ser menos comunes en ordenadores portátiles por esta cuestión y en cierto grado podrían considerarse casi integradas a efectos, dado que no se pueden extraer de manera tan simple como en el caso de un ordenador de sobremesa. Además, la potencia de las versiones móviles suele ser algo inferior en comparación.

Por otro lado, al tener más espacio, los sistemas de refrigeración que incorporan suelen ser también dedicados y sobresalientes, permitiendo que la tarjeta se mantenga a una temperatura adecuada aún trabajando a máxima potencia.

¿Cuál debo usar entonces?

Todo dependerá del uso que le vayas a dar, si vas a usar Word y navegar por internet, con la integrada es más que suficiente.

Por el lado contrario si lo que harás será renderizar, usar programas 3D y jugar a videojuegos, lo mejor será una tarjeta dedicada.


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